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Publicado en: Objetividad y
subjectividad en la Historiografía, Biblos, Rio Grande,
6, 69-78, 1994.
OBJETIVIDAD Y SUBJECTIVIDAD EN LA HISTORIOGRAFIA
PEDRO PAULO A. FUNARI
DEPARTAMENTO DE HISTORIA, UNIVERSIDAD DE CAMPINAS, BRASIL
(UNICAMP)
INTRODUCCION
No hace mucho, Ellen Somekawa y
Elizabeth A. Smith (1988:151) escreb¡an que "la afirmaci¢n b sica
de los historiadores que sus narrativas surgen de los hechos
puede, y lo fue, efectivamennte, desmontada". Esto es el
resultado natural del hecho que "la raz¢n es, ella misma, hist¢rica"
(Kloppenberg 1989:1011). La idea de un discurso hist¢rico
objectivo, por oposici¢n a un discurso m¡tico, fabuloso, fue una
creaci¢n positivista del siglo pasado contestada por la mayor
parte de la historiograf¡a de nuestro siglo. Desde Croce, hasta
Koselleck, pasando por Collinwood, la lucha de los historiadores
acad‚micos en contra el "realismo ingenuo" de la narrativa
positivista (Ankersmit 1986:19), fue constante. De hecho, la
contraposici¢n entre mythos y logos no considera el car cter
discursivo de la Historia. Adem s, utilizarse del concepto de
verdad (aletheia) para considerar que el historiador puede y
debe detener un saber de la verdad que le permita la
objectividad de la constituci¢n narrativa constituye una
estrategia autoritaria. Como la verdad es £nica, por oposici¢n
a la mentira, la Historia positivista no puede admitir la
existencia de diferentes narrativas. Ankersmit (1986:25) llamaba
la atenci¢n que esta "b£squeda de la verdad objectiva" es
peligrosamente autorit ria: "un m ximo de claridad solo puede
ser alcanzada, en la historiograf¡a, con la proliferaci¢n de
interpretaciones hist¢ricas y no con la tentativa de reducir su
n£mero. Por tanto, la historiograf¡a no conoce criterios
interesantes y aplicables en general para distinguir entre
interpretaciones satisfactorias o no satisfactorias".
Ser¡a todav¡a neces rio decir, como lo
hace Nicole Loraux que Tuc¡dides no es objetivo, que nosotros
todos, historiadores, no somos, no podemos ser, puramente
objetivos, como proclama muy netamente Le Goff (1984:166)?
Ser¡an las palabras de Goethe todav¡a desconocidas: Jede
Tatsache ist schon Theorie (toda acci¢n es ya teor¡a)? En otras
palabras, ser¡a todav¡a posible que historiadores continuaran a
pensar, como lo hace el senso com£n, en t‚rminos de verdad
versus mito? No hay duda que la historiograf¡a contemporanea no
se preocupa en contestar a los positivistas, minor¡a que poco
produz, de toda manera. Franz Georg Maier (1984:86) constat¢ que
la idea positivista de un historiador espejo de las realidades
pasadas sufri¢ cr¡tica t n completa que el "realismo ingenuo" no
merece la pena de una discusi¢n. Mommsen (1984:68) dec¡a que la
oposici¢n querida por los positivistas entre res factae y res
fictae es hoy un problema, no un consenso entre historiadores.
De todo esto, con todo, no si puede decir que el car cter
narrativo, de¢ntico, del discurso historiogr fico, estea
completamente estudiado. Al contrario, hay todav¡a historiadores
autorit rios en el poder que luchan contra el pluralismo, las
posibilidades de interpretaci¢n, y que niegan la subjetividad
del discurso del historiador. Este trabajo busca discutir como
el discurso de dos historiadores, el primero antiguo (Salustio),
el otro moderno (Carcopino), son discursos todos los dos: no son
mito o verdad, sino que construcciones discursivas.
SALUSTIO Y CARCOPINO HISTORIADORES
La Historia, para Salustio, es algo £til
(magno usui est), o seja, el relato del pasado posee un sentido
pragm tico, aspira que los hombres actuen de determinada manera,
buscando la uirtus (Earl 1961). Seg£n Salustio, "muchas veces he
o¡do decir que Quinto M ximo y P. Cipi¢n, as¡ como otros hombres
importantes de nuestra patria, ten¡an la costumbre de afirmar
que, cuando miraban las im genes de los antepasados, sent¡an un
est¡mulo muy fuerte en direcci¢n a la virtud. Si puede suponer
que ni la cera ni los retratos poseesen t n grande fuerza sino
que, al contrario, la descripci¢n de los hechos pasados fuera el
responsable por el crecimiento, en el pecho de los hombre egr‚gios,
de esta llama que no disminu¡a antes que su virtud fuera
comparable a la fama y a la gloria de aquellos" (B.I.4,5-6).
Tr‚s son las caracter¡ticas del discurso
hist¢rico de Salustio. Em primero lugar, la Historia consiste en
una concitatio animi, o sea, una apelaci¢n emotiva a la pr xis;
esta emoci¢n viene, por su parte, del contenido po‚tico de la
narrativa (ornatio uerborum) que utiliza la asimetr¡a (inconcinnitas)
y la concisi¢n (breuitas) estil¡sticas. Estos recursos son £tiles
en las descripciones (Salustio, B.I. 17-19;41-42), discursos (Salustio,
B.I. 10;14;31;85) y retratos (Salustio, B.I. 6;15;28;48;65;95).
Salustio hace expl¡cito su posici¢n ‚tica en relaci¢n a los
acontecimientos describidos y expone el principio ordenador de
su narrativa: su discurso busca demonstrar el cambio de la
uirtus individual en ambitio, algo que pasa con la mayor parte
de los personajes de su narrativa, como Jugurta, Escauro,
Albino, Mario, inter alios. Salustio relaciona este proceso a un
momento espec¡fico de la Historia Romana: la consolidaci¢n del
poder romano en el Mediterraneo despu‚s de la destrucci¢n de
Cartago. Era el metus hostilis que posibilitaba la cooperaci¢n
entre las clases sociales y fue la p‚rdida del enemigo lo que ha
causado el cambio de la conducta de los ciudadanos: "antes de la
destrucci¢n de Cartago, el pueblo y el senado romano gobernaban
la rep£blica juntos, de manera moderada y pac¡fica. Los
ciudadanos no luchaban por las magistraturas y por el poder pues
el miedo del enemigo manten¡a la ciudadan¡a en las buenas
maneras" (Salustio, B.I. 41,2). El tema del metus hostilis
aparece en muchos otros autores con funci¢n parecida (cf. Plinio,
N.H.33,50;Vel.Pat.2,1,1;Floro 1,33,1; 34,18; 47,8; Agostino, Civ.Dei
1,30; Orosio 5,8,2; Plut.Cato Maior 27; Diodoro 34,33,3-6).
Granio Liciniano (26) constataba que
Salustio debia ser le¡do como orador, no como historiador. Carlo
Ginsburg (1991: 196;217), con todo, llama la atenci¢n que la
diferencia entre ficci¢n y narrativa verdadera no es absoluta
sino que relativa. Hay todav¡a historiadores que continuan a
oponer las dos narrativas y que consideran que la historiograf¡a
antigua era no cient¡fica, por oposici¢n a la episteme de la
ciencia hist¢rica moderna. As¡, A.J, Woodman (1983:120)
subrayaba que "la historiografia antigua y moderna son cosas
totalmente diferentes. Estamos acostumbrados a considerar los
autores antiguos y modernos a partir de los mismos presupuestos.
Con todo, nada puede ser m s peligroso. Si los historiadores
antiguos eran poetas esto significa que sus trabajos no pueden
ser considerados como evidencia hist¢rica por los historiadores
modernos...hay <en estos textos> poqu¡sima evidencia hist¢rica.
Las conclusiones de esto causan mucha preocupaci¢n". La brecha
entre la historiograf¡a antigua y aquella moderna ser¡a el
resultado, por tanto, de la veracidad, fidelidad a los hechos, y
neutralidad del historiador contemporaneo en contraposici¢n a la
descripci¢n mim‚tica, art¡stica, doxol¢gica y falsa del
historiador antiguo. Desde diferentes puntos de vista, esta
interpretaci¢n del historiador moderno como colector de
"evidencias" y "hechos" objetivos fue criticada por
historiadores (Rigney 1988: 268; White 1973: passim),
arque¢logos (Tabaczynscky 1984:21), semioticistas (Lagopoulos
1986:219), etn¢logos (Bromley 1984:35) entre muchos otros.
El modus describendi de los
historiadores antiguos y modernos a la vez surgen de reglas de
composici¢n diferentes pero, en los dos casos, como construcci¢n
discursiva de¢ntica y pragm tica (Rowlands 1983:109; Duby
1980:44; Lozano 1987:210). Esto est claro con la comparaci¢n
de la narrativa salustiana con aquellas de los historiadores
contemporaneos, demonstrando que no son las "evidencias" lo que
aproxima (o no) las dos historiograf¡as, sino que sus semejanzas
en t‚rminos de su car cter literario y comprometido (Burmester
1983:206; Marchal 1987). Voy a estudiar, en este art¡culo, un
solo episodio dela Guerra de Jugurta, tal como presentado por
Salustio y tal como recreado por Carcopino. El escojimiento de
Carcopino no es aleatoria, pues ‚l fue por toda una generaci¢n
un modelo de Historiador de la Roma Antigua a causa de su
agudeza narrativa, por las muchas interpretaciones originales y
por la inmensa influencia que tubo y continua a tener entre sus
contemporaneos y sucesores. Jer“me Carcopino (1881-1970) fue
miembro de la Escule Francesa de Roma de 1904 hasta 1907,
profesor de la Universidad de Algers y Director de Antiguedades
de Alger¡a de 1912 hasta 1920, profesor de la Sorbona entre 1920
y 1937, Director de la Escuela Francesa de Roma desde 1937,
miembro de la Academ¡a de Inscripciones y de la Academ¡a
Francesa desde 1955. Por su influencia solo puede compararse a
Theodor Mommsen. El episodio aqui analisado fue elegido pues
Carcopino utilizase como fuente £nica la narrativa salustiana.
En 116 a.C., el Senado Romano est
reunido para decidir sobre la divisi¢n de la Numidia. Las dos
partes, Aderbal y embajadores de Jugurta, son o¡das. Seg£n
Salustio lo que pasa es as¡ describido:
15,2 La dos partes salen de la Curia.
Los que estaban en favor de los embajadores, as¡ como la mayor
parte del Senado, que hab¡a sido comprada, han condenado las
palabras de Aderbal, defendiendo, en sus discursos, el valor de
Jugurta. Ponian todos sus esfuerzos, su cr‚dito y su elocuencia
en defensa del cr¡men y de la infamia de los otros, como si
fuera su propio honor. 3 Solo algunos pocos, para los quales era
m s importante el bi‚n y la justicia que las riquezas,
consideraron que la suerte de Hiempsal debia ser vengada y
Aderbal receber ayuda. 4 Entre ellos todos, estaba en primer
lugar Emilio Escauro, noble, altivo, pero tambi‚n faccioso, vido
de poder, de honores y de riquezas. Inteligente como era, ten¡a
sus vicios escondidos. 5 Cuando ha percebido que las larguezas
del rey empezaban a ser conocidas y p£blicas, ha temido que,
como suele en tales casos, este abuso odioso pudiera resultar en
el odio contra ‚l y as¡ se ha contenido de su libertinaje de
costumbre. 16,1 En el Senado ha vencido, con todo, la parte que
valoraba m s el dinero y el cr‚dito m s que la verdad.
(La frase subrayada es analisada adelante).
Jer“me Carcopino (1935:284-5), a partir
de esta narrativa salustiana, ha describido este episodio en los
t‚rminos seguientes:
Los patres congreganse en sesi¢n
cerrada.
Lo que es importante es la salvaci¢n del
Imperio y ser hecho lo ella exigir. Acceptar la versi¢n de
Jugurta ser¡a dejarlo como dueno de toda la Numidia: nadie
piensa esto. Acceptar la petici¢n de Aderbal es recomenzar la
Guerra en Africa. Un n£mero pequeno de senadores prefiere esto,
en nombre de la verosimilitud pero, principalmente, en nombre la
la expansi¢n romana, cuyo resultado era satisfacer los almacenes
y el bolsillo. Estos ten¡an Escauro como jefe...la sumisi¢n de
la Numidia toda a un £nico pr¡ncipe, como Aderbal, sin capacidad
militar y sin poder contraponerse al poder romano, dar¡a a los
comerciantes y los hombres del orden ecuestre todas las
posibilidades de crecimiento de sus negocios y la prosperidad de
sus iniciativas: se pronunci¢, as¡, por la intervenci¢n (Bell.Iug.15,3-4).
Con todo, la mayoria de los patres se
opon¡a, algunos, tal vez, porque hab¡an recebido <dinero> de
Jugurta para abstenerse, los otros porque consideraban,
sinceramente, la aventura costosa y el ‚xito aleatorio, los dos
grupos porque perceb¡an que el pueblo no favorec¡a una expedici¢n
que exigir¡a grandes sacrificios, ser¡a provechosa solo para los
caballeros y habr¡a de reunir un estado b rbaro que era mejor
mantener dividido (Bell. Iug.16,1).
Hasta aqui, esta es la reconstrucci¢n de
Carcopino. Em t‚rminos estil¡sticos, ambos los autores utilizan
una suada uerborum ordinatio, caracterizada en Salustio por la
breuitas, dificil de mantener en la traducci¢n. Una citaci¢n
deja esto claro (citaci¢n subrayda en el texto de Salustio):
Gratia, uoce, denique omnibus modis, pro
alieno scelere et uitio sua quasi pro gloria nitebantur.
La sucesi¢n de ablativos permite al
autor transmitir la sensaci¢n de movimiento expl¡cito a nivel
sem ntico (nitebantur = "hac¡an un gran esfuerzo"); la inversi¢n
sua quasi no puede ser, tambi‚n, causal. Quasi deber¡a estar
antes de sua, sua pro gloria es una construcci¢n opuesta a la
regla (e.g. Tito Livio m23,32,11: res familiaris sua quemque
delectat; cf. C‚sar, B.G.1,40,4;C¡c.Quir.3;T.Liv.21,48,2;CIL
XI,1127). La dificultad de la frase salustiana explica que
copistas medievales hayan cambiado sua por suo. El resultado de
esta dificultad de lectura es el una sensaci¢n de estraneza para
el lector (inconcinnitas). La estrateg¡a de Salustio, por tanto,
es la de componer un texto po‚tico, ret¢rico, que haga con que
el lector sea conducido por la beleza de las frases a concordar
con la l¡nea de ideas del autor.
Carcopino, por otro lado, utiliza un
juego de corcordantia temporum que lleva el lector a dos
momentos distintos. As¡, alterna el presente descriptivo, que le
permite narrar los motivos de la oposici¢n a Jugurta - empleado
con el recurso del discurso indirecto de Escauro - con el pass‚
simple del fin del segundo p rrafo (il se pronon‡a donc). El
uso, en le p rrago conclusivo, del impefecto para expresar la
posici¢n de la mayor¡a, posibilita que Carcopino no tenga que
concluir, explicitamente, con la decisi¢n del Senado, que
aparece indirectamente a nivel sem ntico ("la mayor¡a") y
sint ctico (repugnait). El lector se deja llevar, as¡, no solo
por los argumentos de las partes como por la sucesi¢n de tempos
verbales sutilmente empleados (cf. el empleo de tempos verbales
por parte de Plinio cuando habla de su t¡o muerto cerca de
Pompeya, Eco 1984:95).
Aunque el texto de Carcopino sea,
aperte, una redescripci¢n de la narrativa salustiana
-acceptando, as¡, la descripci¢n original de los hechos in
totum- representa una reelaboraci¢n en dos niveles. Las
estruturas poseen puntos de salida y llegada parecidos, pero
pasan por caminos diversos:
SALUSTIO 15-16,1 CARCOPINO
(1935:284-5)
1. Reuni¢n cerrada del Senado 1. Reuni¢n
cerrada del
(15,2)
Senado (cf. 15,2)
2. Posici¢n de la mayor¡a por 2. Visi¢n r pida de
las
Jugurta (25,2)
dos partes (cf.15,2;3-5)
3. Posici¢n de Escauro y de la 3. Minor¡a por Aderbal
minor¡a (15,3-5)
(cf. 15,3)
4. Decisi¢n final
4. Escauro (cf.15,45;14
(16,1)
et passim)
5.
-
5. Mayor¡a (cf.15,2;16,1)
La estructura cronol¢gica de Salustio fue cambiada por
Carcopino gracias a la sucesi¢n de opiniones lo que ha
permitido a Carcopino poner una defensa de Escauro de su voto,
algo que no aparece el el texto do origen. Para componer este
argumento, Carcopino ha utitilizado el discurso de Aderbal, en
el cap¡tulo 14, que pasa ahora a la boca de Escauro, en discurso
indirecto.
A nivel de la estructura profunda, que
se refiere a las razones espuestas por las partes, es facil
perceber que Salustio y Carcopino parten de principios
diferentes. Para Salustio, la Historia de su ‚poca explicase por
el cambio de la uirtus en ambitio, tal como lo dice en el
prefacio de su monograf¡a. La explicaci¢n es pues moral.
Carcopino, en sentido opuesto, no expresa de manera program tica
su modus cognoscendi de la sociedad romana en general o,
especificamente, en este caso. Con todo, a partir de este
episodio puede suponerse que para ‚l son los intereses econ¢mico
de las clases que determinan las decisiones pol¡ticas. La
diferencia entre los dos autores queda m s clara con la
comparaci¢n entre las palabras usadas por ellos para describir
los mimos hechos:
SALUSTIO
VIRTVS X
AMBITIO
bonus diuitiae
aequos
largitio riqueza
uerum pretium
gratia
uitia
auidus potentiae
auidus honoris poder
factiosus
Deseo de riqueza y de poder en esta ‚poca ambitio
(hac tempestate)
(Expl¡cito en el discurso)
CARCOPINO
INTERESES ECONOMICOS INTERESES POLITICOS
interˆt - grenier (=pueblo) salut (de l'Empire)
bourse (=ecuestres) maitre de la
Numidie
accroisement des affaires unit‚ d'un ‚tat barbare
des equestres
profitable aux chevaliers
Intereses econ¢micos de las clases decisiones pol¡ticas
(impl¡cito en el discurso)
De esta forma, na narrativa hist¢rica de
los dos historiadores se presenta, en el ejemplo estudiado,
evidentemente constru¡da en tr‚s niveles esenciales: en sus
aspectos est‚tico-formales, en la secuencia discursiva (t xis
logon) y en los principios explicativos ontol¢gicos de la
narrativa. Lo que separa los dos discursos no son las
diferencias de estilo ni la diversa exposici¢n, ni mismo los
diferentes leit motiven: esto cambia, de toda manera, de
historiador para historiador. Con todo, Carcopino es considerado
como modelo del historiador moderno, epist‚mico, cient¡fico por
oposici¢n a la precientificidad de Salustio, historiador
antiguo. Esto es as¡ porque el discurso historiogr fico moderno
muchas veces adopta estrateg¡as de ocultaci¢n del sujeto a
trav‚s del uso del llamado "efecto realidad" en la narrativa
(Lagopoulos 1986:380). Mientras Salustio explicita su discurso
como po‚tica, como suada oratio (Dupont 1982:30) que no quiere
describir hechos reales sino que quiere ser memoria que
direcciona la acci¢n el el presente, el discurso de la ciencia
se presenta como acercamiento de la realidad tout court. As¡,
los intereses por detr s de la narrativa, los origenes presentes
de la reconstrucci¢n del pasado y el estilo narrativo no
aparecen en la neutralidad discursiva de la ciencia. El modus
actiones impellendi de la ciencia hist¢rica, por tanto, consiste
precisamente en esta induci¢n que deriva del ocultamiento del
car cter construido, hist¢rico, de na narrativa hist¢rica.
CONCLUSION
La importancia del tema de la
subjectividad del discurso del historiador moderno resulta del
uso, o del abuso, de la noci¢n de ciencia neutra, verdadera. Los
historiadores que quieren mantenerse en el poder acad‚mico a
trav‚s de la negaci¢n del estatudo de cientificidad de las
interpretaciones de outros historiadores utilizan, de manera muy
concreta, la noci¢n de discurso cient¡fico, correto, verdadero.
Puede parecer que el an lisis comparativo de los discursos de un
historiador antiguo y otro moderno, para demostrar que ambos los
dos son subjectivos, sea la descubierta del ¢bvio. Con efecto,
hace mucho, como se ha subrayado en comienzos de este art¡culo,
los historiadores han superado el positivismo. Con todo, hay
todav¡a el uso de las nociones de investigaciones de temas
ciertos y de temas errados, intepretaciones ciertas o erradas de
documentos y de autores modernos, como medio de poner obst culos
al trabajo de los historiadores. Esta posici¢n autorit ria solo
reconoce su discurso como v lido, cient¡fico y, peligrosamente,
se dice neutra, sin compromisos. El reconocimiento de la
subjectividad inevitable, de los intereses y de la pluralidad
discursiva es la £nica manera de escapar de la autoridad. Los
autoritarios, de toda manera, no son m s fuertes que sus
posiciones burocr ticas, sus ideas d‚biles. Como advert¡a ya
Santo Tomas de Aquino (Summa Theologica Ia,1,8ad): "el argumento
desde la autoridad, en la ciencia humana, es el m s ineficaz".
AGRADECIMENTOS
Estoy muy agradecido a los colegas
Ant“nio Silveira Mendon‡a y Michael Rowlands.
Las ideas son de mi exclusiva responsabilidad.
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